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Mostrando las entradas etiquetadas como relatos

El brillo de sus ojos - Rafael Ríos B.

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  EL BRILLO DE SUS OJOS Las estrellas se apagan ante la llegada de esos ojos, el hombre se mantiene en la oscuridad, ofuscado por la ausencia. El suave contacto de esos labios lo obligaba a convertir su palpitar en una melodía desenfrenada, inspirada por la fragancia de su presencia; sin embargo, su palpitar no está alterado. Esos ojos se empozan en los suyos, la humedad en ellos era muy similar a la humedad que tenía en aquellos días. Cuando el encuentro de sus miradas convertía noches como estas en días y el resplandor de esos ojos lo humedecía de alegría. Cuando la sinfonía de su corazón iba al mismo ritmo por el roce de sus voces. Roces tan simples como un «te amo» y un «yo también». Días como aquellos en que un abrazo como este que le da le generaba tranquilidad… amor. Días como aquellos ya no existen. Son un recuerdo de la felicidad que parecía tener.       —¿Te pasa algo? —dice ella preocupada… engañada.      Él no responde. No aprecia la l...

Máscara roja - Anthony Ccori Guerrero

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Máscara roja El disparo impacta en mi pierna. Grito. Otra bala roza mi brazo izquierdo. Vuelvo a chillar. La sangre mancha mi cuerpo desnudo. Cuando estoy por recibir el tercer disparo, una voz tenebrosa detiene la masacre. A duras penas puedo observarlo. Es un hombre alto y delgado. Al igual que los otros, él también lleva puesta la misma máscara de color roja. El tipo se acerca y examina mis heridas.  —¿Por qué has traicionado a tus hermanos? —pregunta con rabia. Es él. Intento decir algo. Respiro con dificultad. El dolor es insoportable. Mi cuerpo está bañado en sangre. En el suelo yace la máscara roja, que hasta hace unas horas cubría mi rostro. —Ustedes son unos miserables —gruño. —Esta traición la pagarán tus hijos. Voy a desmayarme por tanto dolor. Los otros no han dejado de mirarnos. Desde esas máscaras rojas puedo ver sus ojos llenos de odio. —Por favor, no le haga daño a mis hijos. —Mi voz se quiebra—. Ellos no tienen la culpa de lo que hice. El sujeto se levanta y pide u...

Cuando muestres tu rostro - Manuel Azpilcueta García

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Cuando muestres tu rostro     El llanto destrozaba el corazón de ambos.      Yolanda Balladares mordía el hombro de Juan Diego Espinoza para que nadie escuche su pena. La caricia suplicante del hombre intentaba terminar el momento. La sala de embarque estaba muy transitada y era momento de abordar.      —¡Tranquila, amor! —La calmaba abrazándola con fuerza—. Las lágrimas tienen sal, si lloras, me irá mal y tú no quieres eso, ¿no?       —No. Quiero que te quedes conmigo.      —Sabes que no puedo, ¡lo hablamos! Me duele el dejarte, no lo deseo, pero debe ser así.       Juan Diego intentaba ser fuerte para calmar a una mujer enamorada que pasaba por el momento más triste de su vida. Se quebró y lloró. Los circunstantes que vieron la escena se condolieron; algunos sugerían que le den un tranquilizante, otros que beba agua fría. Una anciana indicaba insistentemente que le froten el pabellón de la o...

La ciudad de los huesos - Rudy Quispe Arirama

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La ciudad de los huesos El gran maestro Ramuz es conocido como el maestro viajero. Gracias a él y sus aventuras es que tenemos noticia y conocimiento de lugares que no existían en algunos de nuestros mapas más completos. Su dedicación al descubrimiento de lugares distantes, las gentes que viven ahí y el estudio de flora, fauna y costumbres le valieron un puesto permanente en el Gran Consejo de Maestros de la ciudad Esmeralda. Su partida de esta vida dejó un vacío imposible de reemplazar, pero al mismo tiempo nos brindó tesoros impensados. Entre sus documentos privados hemos encontrado muchas de sus notas de viaje y apuntes que no habían visto la luz antes. Un arduo trabajo de recopilación, orden, clasificación y valoración de más de dos años me ha permitido completar un primer volumen de estas Historias perdidas del gran maestro Ramuz, recopiladas por el maestro Verlen. Ante la curiosidad de muchos maestros de la Gran Biblioteca, transcribo una de estas historias y la presento aquí. La...

8 de marzo / Día de la mujer: “Tiempo fuera” - María Isabel Torres Acero

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  8 DE MARZO / DÍA DE LA MUJER: “TIEMPO FUERA” SINOPSIS:  Encontramos cuatro historias entrelazadas, donde podemos reconocer violencia, racismo, uso de drogas, etc. Pueden enfocarse también para analizar la falta de valores en la sociedad. Pueden representarse por separado. PERSONAJES:   Narrador: ______________ María:  ________________ Luz: __________________ Juan:  _________________ Rodrigo: _______________ Transeúnte:  ____________  Profesor: ______________ Humberto: _____________ Paco:  _________________ Cuatro estudiantes: ________, _______, _______, _______ Sonia: _________________ Michell: _______________ Jefe:  _________________ Secretaria:  _____________ Papá:  ________________ Mamá: _______________ Hijo:  ________________ Hija:  ________________ NARRADOR:  Muy buenos días a todos. Se preguntarán quién soy, soy el narrador y les contaré algunas historias. La primera de ellas trata sobre la red social de ...

Desintoxicación - María Gabriela Flores Crovetto

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Desintoxicación I Hace dos minutos que envié el mensaje. Decía: «Ya no quiero verte, me hago daño estando contigo». Hace dos minutos que me aguanto las ganas de llorar porque estoy en la combi regresando de hacer unas compras en Unión. Hace dos minutos que ya me estoy arrepintiendo de escribir eso, decirle que fue una broma, pero luego recuerdo que sería bajar mi orgullo. Hace dos minutos que estoy en la combi y ya lo extraño.  II Estoy en mi cuarto, echada sobre el desorden llamado cama: mis libros sin leer, mi ropa tirada y mi brasier colgado en el cabezal de la cama. Vuelvo a leer el mensaje y boto las lágrimas reprimidas, grito para mis adentros y las seco. Es una estupidez llorar por alguien con quien solo tuve sexo, pero en el fondo sabía que ese alguien no era un tipo cualquiera; era mi ex. Entre los pecados —por así llamarlo— imperdonables está tirar con el ex. Caí en la tentación, me gustaban sus labios y sus ojos. Era de esas relaciones trampolín (o sea, ida y vuelta), de...

El cuerpo - Rafael Ríos B.

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  El cuerpo Su mirada me temía. Pero sus piernas no dejaban de avanzar. Sus manos tomaban la cartera y la acercaban a su cuerpo. Dejó de mirarme. Burlaba mi existencia con pasos cada vez más ágiles. Su cuerpo se alineó con el mío. Sus manos dejaron la cartera y cubrieron su rostro. Sus piernas cedieron y la tiraron al suelo. Su mirada dejó de parpadear. La lluvia no me permitió oír el grito de su muerte. Entonces, me desperté.     Mi brazo ardía. Sangre salía por mi muñeca. Me levanté de la cama e intenté recordar el rostro. Lo imaginaba cubierto por sus brazos, lo veía tendido en el suelo. Sangrando en la lluvia. Pero había olvidado sus ojos de miedo. Su cabello no tenía color en mis recuerdos. No había pasado.      Tomé las vendas de la mesa, me las coloqué en la sangre. Me senté. Tomé un libro. Leí dos líneas cuando pensé en ella. En su vida siendo arrebatada por mis manos. En su lamento silencioso. Sentí el espesor de su cuerpo atravesado por mi arma. D...

La prima vez - Salvador Briceño Lopez

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La prima vez Al comienzo no sabía cómo reaccionar ante su presencia, sabía que estaba ahí, a mi lado, quizás observándome, esperando que haga algún ademán, pero yo seguía quieto, con el cuerpo pesado empujando mi voluntad contra el colchón y los ojos muy fijos en la pintura descascarada del techo. Así fue como inició todo, no la pude ver, solo sabía que estaba ahí, el sudor frío salía por mis poros. Desperté de golpe ante la pesadilla, una pesadilla tan vívida y tan repetitiva a partir de ese día…      Ella me visita cuando quiere, sus manos frías me arropan este verano. Es una mujer joven sin rostro, sin sombra. Su tacto es suave, sus cabellos son largos, sus pasos frágiles y cadentes. La oscuridad es su mejor amiga y mi sueño es su carta de invitación ausente.       Sé que esto escapa de mis manos, que no hay razones que expliquen lo que estoy viviendo, pero mi curiosidad no se calma con cuentos que me dan mi abuelo o mi madre sobre la casa y sus ant...

nuestro pequeño secreto - Anthony Ccori Guerrero

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nuestro pequeño secreto papi me despierta para ir a la fiesta. le pregunto por mami. me contesta que está en el baño haciendo pis y no quiere que vaya a interrumpirla. yo sé que papi miente. mami no está haciendo pis, ella está enferma y se encierra en el baño para tomar su medicina. una vez le pregunté si lo hacía porque estaba con fiebre. me respondió que no, que ella estaba un poquito mal de la cabeza y ese medicamento le evitaba pensar en cosas malas, como la de matarnos.     mi mami se comporta como los zombis de las películas, aunque deja de serlo cuando papi no le trae su medicina; grita y llora con tanta fuerza que se escucha por toda la casa. yo suelo correr hacia mi habitación, subirme a mi cama y taparme con las sábanas hasta que pasan los minutos y deja de hacer ruido. ahí es cuando decido buscarla a su habitación, pero a la puerta le pone llave y no me abre ni responde cuando la llamo. mami es un poco descuidada sin sus medicamentos, ya que siempre amanece con u...

La decisión de Alissa - Luis Navarro Vasquez

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LA DECISIÓN DE ALISSA —Buenas noches, mis amores, que descansen bien —dijo mientras les besaba la frente y le entregaba a su amada un paquete, le guiñó el ojo y le recordó cómo usarla en voz baja para que su hijo no escuche.     Una vez a la semana le tocaba el turno de la noche en el puesto de vigilancia del castillo, Alissa detestaba aquellos días, con él en casa se sentía tan segura que su ausencia por sí misma le impedía conciliar el sueño durante horas, siempre alerta hasta que el cansancio le ganara al miedo. A pesar de que no habían sucedido ataques desde hacía más de tres meses, el último se cobró la vida de la hija del carcelero, desde entonces, cada hombre cabeza de familia tenía que hacer un turno de vigilancia nocturna por una noche a la semana, era la única forma de salvaguardar sus hogares.     —¿Qué hora es, madre? —preguntó Joaquín mientras sobaba enérgicamente sus ojos adormecidos.     —Es hora de que te duermas, pequeño, ya has oído a tu p...

Hasta sentir un suspiro tuyo en mis labios, de Salvador Briceño Lopez

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—¿Y en qué se inspira un poeta? —Pues, no sé. Es muy ambigua tu pregunta. Reformúlala. —¿En qué te inspiras? —dijo mirando tiernamente mis ojos. —Sigue siendo ambigua. En la vida, en ti, en el tiempo, en la muerte, en las cosas que quedaron como recuerdo, en las cosas que se quedaron como un sueño y en mis próximos sueños. Pero definitivamente en ti. Sí. Por favor, nunca dejes de mirarme así. Y me besó. Dejando de lado aquella estúpida idea de volver a verla, decido ir a preparar el desayuno a Lunia. Al fin y al cabo, es nuestro aniversario. En el fondo estoy emocionado, todo está listo para esta noche. —¿Tú recuerdas aquello que soñaste ayer? —No. Pero cuando son de aquellos sueños con los que despiertas aún con el sabor en los labios de que fue algo bueno, procuro escribirlo en mi agenda. —Aquella marrón que tienes en tu cabecera, ¿cierto? —Exacto. —Pero hay infinidad de cosas que no podemos describir con palabras. Yo prefiero dibujar mis sueños. —Sonrió y me enamoré una vez más de e...

Amor sin identidad - Salvador Briceño Lopez

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AMOR SIN IDENTIDAD 1      Las clases acabarán dentro de poco, y aún no soy capaz de decirle que me muero por ella desde que salió a exponer frente a toda la clase de tercero sobre los aparatos reproductivos. Lo recuerdo muy bien, se puso muy roja por momentos, a veces tartamudeaba, sus manos no paraban de jugar entre sí. También recuerdo que llevaba su cabello rígidamente peinado, su uniforme impecable. Tan solo bastó un cruce de miradas y unas sonrisas cómplices para que desde hace 2 años sea su incondicional, su amante en secreto, sin que ella lo sepa. Pero ya me cansé de esto, Gabriela sabrá lo que siento por ella sí o sí antes de los finales, para no desconcentrarnos, claro. Cerró el cuaderno.

El símbolo - Anthony Ccori Guerrero

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EL SÍMBOLO      Estoy parado, un poco asustado, en medio de un cementerio, junto a un grupo de jóvenes que visten de negro. Carlos y yo somos los únicos que vestimos con ropa de color clara. Él fue de la idea de venir. Me dijo que en la universidad había conocido a una chica que era muy rara pero linda. ¿Por qué le pareció rara?

El desdoblamiento - Carlos E. Luján Andrade

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EL DESDOBLAMIENTO      Junto a la pileta del parque central, Vanessa esperaba sentada sobre un banco a Ernesto, ya eran 10 pasadas las seis y se encontraba retrasado, ella se tocaba las piernas mientras las balanceaba de un lado para otro con ansiedad, volteaba su cabeza en direcciones opuestas una y otra vez, extraía de su bolso el teléfono celular cada cierto tiempo para contar los minutos atrasados mientras observaba las hojas de un ciprés cercano que se meneaban por el viento vespertino. Durante la espera, fijó su mirada en unos árboles e imaginó columnas interminables de altos troncos cubriendo con sus sombras frondosas la hierba del suelo, es así que al contemplar sus espacios imaginados perdía la noción del espacio y el tiempo. Vanessa exploraba cada trazo dejado por ese paisaje ficticio, el suelo alfombrado por hojas muertas y ramas quebradizas, siguiendo con su andar la caravana de hormigas que constantes andaban a resguardarse en su madriguer...

La agonía de Domitila Chaupe - Julio Goicochea Zamora

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LA AGONÍA DE DOMITILA CHAUPE      Los viernes llegaba a casa casi siempre al caer la tarde. En la altura de los cerros, el camión avanzaba lentamente por la zigzagueante trocha por donde, después de cuatro horas de trayecto, podía ver la comunidad abajo entre dos ríos. Por la ventana todo se veía normal, como cualquier otro día que pasa en esa comuna, donde, desde su creación un 12 de enero de 1936, nunca se oyó una mala noticia ni se vio un mal presagio. El clima de una estación otoñal mostraba una sensación de calma. Faltando poco para llegar pude ver una anciana, que apoyándose en su bastón, avanzaba por un angosto camino, intentando alcanzar al camión para que la lleve seguramente sabe dios dónde.

El piso 3 - Juan Carlos P. Melgar

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EL PISO 3      Era la cuarta semana en ese trabajo para Mario, una oficina con un ambiente agradable. Sus compañeros eran muy atentos, amables y bromistas aunque todos trabajaban en cubículos cerrados, así que bromear era un tanto difícil, pero cuando lo hacían era una pequeña fiesta en medio del estrés de los papeleos. El puesto en donde él estaba trabajando había estado disponible por casi medio año, así que recién estaba en proceso de adaptación.      Mario era un sujeto de treinta años, un tanto regordete debido a su dieta rica en grasas trans y colesterol (porque si uno va a morir, entonces ¿por qué no disfrutar de las delicias que las hamburguesas, las parrillas y las pizzas nos ofrecían?), y con su barba a medio afeitar. Era un fanático de la tecnología y, aunque era escéptico para ciertas creencias, respetaba las creencias de algunas personas.       Siempre iba a la oficina con una mochila, en donde traía otra muda de...

La mercancía - Angel Asto Sulca

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LA MERCANCÍA      La mesa de manteles de terciopelo tenía bordadas algunas flores de lirios y rosas. Dos tazas de café surcaban el extremo de la mesa. Solo había una figura trémula sentada en una de las sillas, se notaba impaciente, mirando la puerta por donde se colaba la lluvia desde la calle inundada de agua y barullo. Los huesos de la mano le crujieron con un sonido sordo que acalló la distancia arremolinándose entre el sudor provocada por los pasos de una mujer de semblante frágil que caminaba con un aire apaciguado delatando sus manos curtidas por el agua fría de la noche. La certidumbre cundió sobre el rubor de sus mejillas y supuso que aún quedaba tiempo suficiente para comer algo y sentir alivio en las tripas que ya habían empezado a crujir sin misericordia.

El Pariwana Wak'a - Juan Carlos P. Melgar

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EL PARIWANA WAK'A         No lo quería hacer… no lo quería hacer, pero eso me obligó.       Aún recuerdo aquel día infernal… aquel día de muerte.       Volvía a casa, después de una tranquila jornada laboral. Lo único que quería era llegar a su lado, sentarme con ella en la mesa y probar su deliciosa comida.       Tenía un año y medio viviendo con ella, éramos felices y todo iba bien hasta que se le ocurrió comprar esa estúpida imagen de ave tallada en piedra.

Ellos ya no escuchan tus plegarias - Freed Guerra Velásquez

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ELLOS YA NO ESCUCHAN TUS PLEGARIAS Ese día la Tierra se dividió entre aquellos quienes al encontrarse en un lado de la tierra donde la mañana nunca llegó, creyeron despertar ciegos; pero fueron otros quienes vieron el lento y abrumador cambio en el cielo mientras este degradaba todas sus tonalidades de luz y color hasta llegar a una oscuridad muy superior a la del abismo más profundo de la tierra.  Ese día algo desconocido cubrió al planeta tierra con un manto de sombras que impidió que la luz solar volviese a penetrar más allá de la termosfera.

Los fantasmas de El Frontón - Julio Goicochea Zamora

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LOS FANTASMAS DE EL FRONTÓN       Mi guardia empezó a las 0:00 horas en el torreón número dos cerca del muelle. Bajo la oscuridad y el frío que me pegaba en el rostro, encendí un cigarro y empecé a fumar. Cuando estaba dando la tercera pitada escuché un grito, me puse de pie y miré alrededor del torreón. Cuando exhalaba el humo, vi pasar por el aire algo que se perdió cerca del muelle. Rastrillé rápidamente mi fusil y me preparé para disparar. Después de unos minutos, de la misma forma, lo que vi atravesó el muelle y se perdió tras una colina a una distancia cercana del torreón número siete. En ese momento cogí la radio y le pregunté al centinela si había visto algo sospechoso cerca de su torreón, su respuesta fue: «todo sin novedad». Quise escribir lo sucedido en mi bitácora, pero no supe cómo detallarlo. Pensé: «Quien me releva se reiría si escribo: a las cero horas con treinta minutos, algo sospechoso pasó sobre el torreón gene...