martes, 6 de marzo de 2018

La silueta - Ricardo Méndez Crisóstomo


LA SILUETA

     —No te olvides de la cámara para la excursión de mañana —dijo Ray luego de despedirse.
     —Está bien —contestó Shadell.
     Con la concentración atenta en colgar la llamada y guardar su celular, no había escuchado a la persona que se le había acercado por detrás. Por supuesto, no es que hubiera sido normal que lo notara, pero esta vez, la muchacha quería que la notara, aunque se conformó con ver que su amigo llegaba temprano a su cita.
     Un sonoro “¡buh!”, acompañado de un par de golpecitos con los dedos en los costados del muchacho, hizo que Shadell volteara con sorpresa y confusión, que pronto se convirtieron en una sonrisa nerviosa.
     —¿Te asusté? —dijo Mayra mientras se tapaba la sonrisa que venía sosteniendo desde que su amigo había dado aquel salto tan cómico—, es decir, ¿en serio te asusté?
     —No, ¿cómo crees? —respondió con ironía y saludó a la muchacha con un beso en la mejilla.
     Continuaron el camino entre risas. Estaban a un par de cuadras de “El Castillo de Cristal”, un inmenso y amplio centro comercial que reunía varias tiendas por departamento, restaurantes y centros de recreación, además de áreas de esparcimiento, entre otras cosas.
     —Y dime, ¿qué te hizo pedirme esta cita?
     El muchacho divagó mentalmente sobre si era una cita; es decir, Mayra era la chica que le gustaba. Pero también era su amiga, aún peor, era su mejor amiga y él era su “mejor amigo”. Tenía la enorme etiqueta invisible de “friendzone” sobre su frente; invisible, pero perfectamente perceptible para Mayra y para los amigos que solían molestar a Shadell por ese motivo. De cualquier forma, ella había aceptado salir con él, y nunca se había especificado si era una cita o una salida más de amigos (aunque a diferencia de muchas otras salidas, esta vez estaban solos).
     —Entonces… —insistió Mayra
     —¡Esto sí es una cita! —esa declaración improvisada sorprendió sin preparación a Mayra quien solo atinó a pestañear exageradamente en señal de confusión—, es decir, digo que te dije para tener esta cita aquí porque pensaba que quizá podríamos venir a ver una película y caminar un rato.
     Mayra fingió un rostro pensativo, tamborileando su índice sobre su labio inferior. 
     —Mmm… Admito que quería ver una película sobre invasiones extraterrestres que estaba en cartelera… Pero, qué te parece si mejor entramos a ese “parque de diversiones de terror” que está aquí cerca.
El muchacho aceptó y propuso comer luego de eso, a lo que ella se mostró de acuerdo.
     No tardaron mucho en llegar a la boletería del lugar, el extraño tipo sonriente que vendía los boletos no dejó de insinuar que ellos eran pareja; Mayra no recordaba haber visto a su amigo tan sonrojado antes. Entraron juntos, se suponía debían subir a un carrito que los llevara lentamente por un camino oscuro con el objetivo de asustarlos. Aunque la razón por la que Shadell saldría asustado no sería precisamente el juego aquel.
     Se sentaron, ambos mirando al frente con un ligero nerviosismo. El acomodador (el mismo que hacía unos momentos les había vendido los boletos) le dio una palmada en la espalda a Shadell junto a un “no aprovechen que está oscuro” justo antes de que el carrito se pusiera en movimiento.
     Cuando él reaccionó, volteó a ver al tipo con el enojo dibujado en el rostro. No imaginó que, al voltear, vería a un tipo misterioso y cabizbajo unos metros detrás de ellos. Cuando el muchacho volteó su cuerpo para darle más libertad de mover su campo visual, notó cómo el tipo de la silueta alzó el rostro y pudo distinguir con dificultad una espeluznante sonrisa que sostenía mirando al vacío.

(Fragmento)

Ricardo Méndez Crisóstomo
(Lima)

RICARDO MÉNDEZ CRISÓSTOMO Nací en Lima, llevando una infancia normal de clase media. Conocí mi gusto por la escritura cuando tenía 13 en un concurso en mi colegio y escribo desde entonces. Me decidí a escribir mi primer libro a los 15, un año antes de ingresar a la facultad de Psicología de la UNFV, donde estudio hasta el momento.

*Relato incluido en 'Amor, horror y otros placeres narrativos' (Edit. Poetas y Violetas, 2016). El autor tiene un relato en este libro compilatorio de varias voces. Más info del libro aquí. La obra la encuentras en librería en este enlace o con la editorial escribiendo a poetasyvioletas@gmail.com

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